Barcelona

nacho-cabana Por Nacho Cabana

12 de enero de 2013

SMILEY de Guillem Clua.

SMILEY de Guillem Clua.

Durante años ir a ver una obra de teatro con temática gay era exponerse a un texto de denuncia sobre los (incuestionables) derechos de los homosexuales, a un drama con la utilización del SIDA (¡oh!) como punto de giro o a una autocomplaciente y colorida algarabía post-almodovariana.

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DRAMATÚRGIA Y DIRECCIÓN: Guillem Clua

ACTORES: Albert Triola y Ramon Pujol.

ESCENOGRAFÍA Y VESTUARIO: Albert Pascual.

 

Durante años ir a ver una obra de teatro con temática gay era exponerse a un texto de denuncia sobre los (incuestionables) derechos de los homosexuales, a un drama con la utilización del SIDA (¡oh!) como punto de giro o a una autocomplaciente y colorida algarabía post-almodovariana.

 

Tres opciones nada estimulantes a estas alturas.

 

Guillem Clua, autor y director de  SMILEY

Guillem Clua, autor y director de  SMILEY

  

Smiley no es nada de lo arriba reseñado. Se trata, simple y llanamente, de una comedia romántica. Chico conoce chico, chico se enamora de chico, chico pierde chico, chico recupera a chico. Así enunciado podría parecer que Guillem Clua, su autor y director, se ha limitado a cambiar el sexo de uno de los integrantes de la pareja tradicional pero nada más lejos de la realidad. Smiley es una historia de amor que sólo podría estar protagonizada por dos hombres. O al menos, tal y como está escrita. Porque  habla de emociones universales incorporando a su desarrollo comportamientos y rutinas propios de la comunidad gay, como ya hizo Miguel Albadalejo en la película Cachorro (2004). Unas maneras sexuales y de ocio diferentes a los de las parejas heterosexuales no implican una merma ni una distorsión de sentimientos comunes a todas las posibles combinaciones genitales.

 

Ambas cartas las juega muy bien Clua a lo largo de los 80 minutos que dura la representación. El monólogo con el que se inicia la acción detona rápidamente la historia y al tiempo sirve para definir a Àlex, camarero apuntado a dos gimnasios a la vez, y  uno de los dos  protagonistas de la función. A raíz de esa llamada telefónica, Àlex conocerá a Bruno, arquitecto y cinéfilo, y ambos mantienen una brillante conversación en la primera cita en la que se ponen de relieve cómo de diferentes son ambos caracteres y cuánto, a pesar de ello o precisamente por eso, se atraen. Dos tipologías de varón homosexual de las que la obra no tardará en convertirse en catálogo.

 

Los actores Albert Triola y Ramon Pujol en la obra SMILEY

Albert Triola y Ramon Pujol en SMILEY

 

Porque otro de los objetivos de Clua es abrir su texto al público heterosexual. Y para ello despliega una estrategia de apartes a los espectadores en los que ambos actores, convenientemente puntuados por la luz, explican, entre otras cosas, qué son y cómo funcionan páginas de ligue homosexual como “gay romeo” o aplicaciones tipo “grindr”. De esta última se sirve el dramaturgo para introducir en su texto una serie de personajes episódicos (el hambriento de sexo, el atormentado por la culpa, la loca que se niega a reconocer su pluma) con los que monta una serie de escenas sucesivas que pronto empiezan a perder su enlace con el resto del texto para convertirse en puros y simples sketches con los que ocupar buena parte de lo que sería el final del segundo acto en una estructura clásica. Sketches que, sin bien resultan divertidos y ocurrentes (aunque a veces caigan en el lugar común, sobre todo en la caracterización del novio argentino de Àlex) su concatenación provoca un estancamiento del desarrollo dramático que lleva la obra a un punto muerto durante unos minutos. Algo que se soluciona apenas es retomada la metáfora central y se recupera para el cierre el leit motiv del emoticono que le da título.

 

La estrategia de los apartes (muy peligrosa al obligar a  los actores a romper la diégesis del discurso varias veces en la misma frase) funciona sorprendentemente bien gracias, sobre todo, al buen hacer de los dos intérpretes Albert Triola y Ramón Pujol pero también a las reducidísimas dimensiones de la sala Flyhard en la que se representa. Se trata de un teatro tan pequeño que los actores apenas tienen sitio para moverse sin caer encima de un espectador pero que se revela como excelente cuando los personajes se salen del texto y explican conceptos a personas de las que apenas le separan unos centímetros. Un condicionamiento espacial que, por otro lado y sobre todo, limita casi por completo los recursos escenográficos disponibles para marcar el cambio de un espacio a otro o de un personaje a otro. Sólo se pueden permitir algunos juegos de luz y de audio. Y es básicamente Albert Triola quien maneja variados y eficaces recursos interpretativos para encarnar a diferentes caracteres (y que se note instantáneamente la mutación de uno a otro) ante un Ramón Pujol que, aunque notable, es siempre el mismo.

 

Los actores Albert Triola y Ramon Pujol

Los actores Albert Triola y Ramon Pujol

 

El éxito de la obra (ya no quedan entradas hasta el 2 de febrero en que se despiden) hace sospechar que, como ya ocurrió con Litus (2011) de Marta Buchaca y Burundanga (2011) de Jordi Galcerán, otras dos obras estrenadas en la sala que dirige Jordi Casanovas, Smiley pueda (y deba) pasar a un local de mayor aforo donde, si bien se revele con más crueldad lo artificioso de los apartes, los actores puedan apoyarse en algo más que ellos mismos para sostener el texto. O al menos no se vean obligados a esquivar a los espectadores cuando tienen que hacer mutis.

 

Podría parecer que el éxito de Smiley se deba exclusivamente al boca a boca en círculos de cultura gay pero nada más lejos de la realidad. En la función a la que asistí (jueves) más de la mitad del aforo estaba compuesto por señoras que ya no cumplían los 70 años de edad y de las que pocas aún conservaban al marido. Ver sus caras en las escenas donde los actores se besan y desnudan (sólo de cintura para arriba) o explican las ventajas del “Popper” en la dilatación anal es algo que difícilmente podrá reproducirse en, por ejemplo, la sala Capitol o la Villaroel.

 

Albert Triola y Ramon Pujol en la obra de teatro SMILEY de Guillem Clua

Albert Triola y Ramon Pujol

 

 

SALA FlyHard, Calle Alpens 3, Barcelona.

Temporada: Del 29 de noviembre de 2012 hasta el 4 de febrero de 2013

Funciones: Jueves, Viernes, Sábados y Lunes a les 21:00

Domingo a las 19:00

Reservas: sala@flyhard.org

Precio entradas: 10 o 15€ (a voluntad)

En catalán.

 

*Nacho Cabana es guionista de cine y televisión y ha participado en las series “Colegio Mayor”, “Médico de Familia”, “Compañeros”, “Policías en el corazón de la calle” al tiempo que gano el Premio Ciudad de Irún dos veces en diez años en 1993 por el cuento “Los que comen sopa” y en 2003 por la novela “Momentos Robados” y escribo los guiones de los largometrajes No debes estar aquí (2002), dirigido por Jacobo Rispa y Proyecto dos (2008), dirigido por Guillermo Groizard.

 

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